Hoy ha sido uno de los mejores días, si no el mejor. Hemos tenido unos paisajes increíbles y sol. Ah! y no hemos visitado ninguna catarata! Yay!
La única parte negativa es que hacía mucho viento. Mucho, mucho viento. Como 80 km/h de viento.
Este viento ha propiciado un par de sustos que ahora ya recordamos como anécdotas.
Hoy hemos estado recorriendo el Parque Nacional de Snæfellsnes. Este parque tiene un gran glaciar, el Snæfelljokul y varios volcanes más pequeños. Los campos de lava llegan hasta el mar, lo que ha formado unos acantilados impresionantes.
De camino al Parque Nacional hemos parado a ver unas columnas de basalto muy altas.
En esta foto aparece Jose subido a la base de una de las del medio.
La vista desde arriba.
Llegando ya al Parque Nacional de Snæfellsnes, David se pelea con el viento para no mojarse la cara ;)
Desde que hemos entrado al parque, no hemos dejado de hacer paradas. Era todo chulísimo.
Aquí una grieta en la montaña en la que te puedes internar. Cuanto más avanzas, más estrecha es. Por dentro discurre un riachuelo. Muy chulo aunque de difícil acceso.
Después de esto hacemos una parada para comer.
Recalcar de nuevo el fortísimo viento que zarandeaba el coche considerablemente. En algunos tramos dudamos si parar.
Aquí una escultura cerca de unos acantilados.
Los acantilados que mencionábamos.
De aquí nos vamos a internarnos en el Snæfelljokul todo lo que podamos. Ya nos avisan que la carretera está cortada en un punto por hielo y nieve (!?) no podremos llegar hasta el final, pero subimos a ver hasta dónde llegamos.
Empezamos a subir…
Empezamos a llegar a la zona de nubes, osea niebla. El aire no deja de soplar con mucha fuerza.
Llegamos al final del camino, el hielo ya no deja pasar y hay cruzadas unas máquinas.
Nos ponemos todas las chaquetas que podemos y salimos a andar un poco por la zona. El viento sube de intensidad y frío (1º centígrado).
Andamos unos 5 minutos hasta un risco desde donde esperamos tener buenas vistas.
Cuando llegamos el viento se convierte en una verdadera ventisca. David no aguanta solo de pié y a los demás nos cuesta mantener el equilibrio.
Aquí lo pasamos mal. Justo después de está foto empezamos a volver hacia el coche. Pero el viento sopla y sopla cada vez más fuerte. David no puede andar solo y apenas nos oímos gritando. El aire es gélido y las manos duelen. A Carmen se le vuela inexplicablemente el gorro de lana que llevaba atado. David empieza a llorar (no sabemos bien si por el gorro, el frío o el miedo). El viento levanta granos de hielo que nos pengan en la cara y manos, uffff. Al final llegamos al coche sin problemas y con David ya riéndose. En realidad no estaríamos a más de 300 metros pero aún así, vaya tela!
La cara de David ya en el coche:
Cuando nos calentamos de nuevo y comentamos la jugada, empezamos a bajar. Un poco más abajo hacemos alguna fotillo más.
Aquí Carmen jugándose el tipo en plan meteoróloga de tornados americana…
La foto merece la pena.
Ya abajo, medimos la fuerza del viento. De fondo el glaciar del que hemos bajado.
Vemos otros acantilados chulos por la zona.
Luego hacemos una excursión con guía por unas cuevas que han formado túneles de lava al fluir bajo tierra. Se baja unos 35 metros bajo tierra y la excursión es muy interesante por todo lo que nos explican.
Por lo visto en este glaciar y en uno de estos túneles se inspiró Julio Verne para escribir Viaje al Centro de la Tierra. Este era el volcán por donde entraban. Han puesto una señal en la cueva señalando el camino a Stromboli.
Cuando llegamos a nuestro hotel, ya hechos polvo por las emociones y el largo día, nos espera una vista magnífica.
NOTA: el gorro de lana fue finalmente recuperado al quedarse enganchado en una roca a unos 20 metros